Soy porque Somos

Entrevista a Mónica Weissel

Por Yanet Medina*
La espero en un cafetín de Bruselas. El solecito torpe de la primavera belga lo baña todo. Aguardo…y voy dibujando una rayuela imaginaria donde, a saltos, encuentro sus huellas en el largo camino hacia la igualdad de género. ¿Cómo le hablo a una mujer que ha traído la luz a tantas? Mónica Weissel eligió la senda de los justos. Su compromiso es la máxima expresión de la sororidad, de quien elige vivir para los otros.
Un acento porteño rompe la inercia. Nos saludamos como si nos conociéramos desde siempre. El cabello revuelto por el viento. Sonrisa presta. Ojos de un azul diáfano. Alma inquisidora, desbordante. Mónica existe con la firmeza de quien sabe hacia dónde se dirige… son tantos años cabalgando la resiliencia…
Nació rodeada por la bohéme artística e intelectual bonaerense. Creció entre la escena punk y el ballet. Pertenece a la llamada generación del regreso a la democracia. Desde su etapa estudiantil luchó por la reivindicación de los derechos femeninos –muchos la recuerdan en huelga por la eliminación del guardapolvo en el uniforme -.
Hace una década se consagró al empoderamiento femenino y a la prevención y sensibilización contra la violencia de género. Se formó en España y devino coordinadora sociocultural en Bélgica. Aquí fundó el Collectif Femmes Survivantes. Editó y publicó el Manual de supervivientes, guía a compartir entre todas y todos”. Actualmente elabora el Manual II para profesionales y gente con curiosidad”. Junto a la ONG Siempre trabaja en la iniciativa Rutas de Migrantes y en el poemario El árbol de la voz. Con el proyecto En Malva ofrece apoyo a niños supervivientes -hoy adultos- en diferentes etapas de reconstrucción personal.
Su carrera en la filmografía y el collage encontró hogar en la web Viajantes de lo imposible. Ha expuesto en la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires y en distintas salas belgas. Según asegura, “las imágenes pueden servir para acompañar a aquellos que ignoran o que no se han atrevido a preguntar”.
Tengo ante mí a una mujer lúcida, preclara, capaz de domeñar la hostilidad con la palabra que convoca e inspira. Un ser humano inmenso. Una de las imprescindibles, como decía el viejo Brecht.
Bélgica pudo haber sido para Mónica solo un capítulo, pero se vio obligada a permanecer en el país para conservar los derechos respecto a la custodia de su primer hijo. Este vuelco emocional la convirtió en una suerte de Capitolina, simbiosis entre madre y lobo, dadora de vida, guerrera…

¿A qué se expone una madre migrante cuando el padre de los hijos es belga y la separación es inevitable?

Nos exponemos al “te creo” o “no te creo” de nuestras propias familias. Nos vulnera la posición socio-económica en el país que nos acoge. También nos enfrentamos a nosotras mismas y a la autoestima debilitada. Entramos en una etapa de redescubrirnos y de volver a amarnos. Todo ello, durante un recorrido jurídico lleno de retos lingüísticos y culturales.
Por un lado está la parte legal y administrativa y por otro, el cómo esa persona avanza con sus propios recursos emocionales. El divorcio y la solicitud de custodia –parcial o completa- es un largo proceso. Se han de seguir las actualizaciones del tribunal e ir reconstruyéndose, al mismo tiempo que provehemos herramientas a los niños. Hay que “armarse” en todo este período, por ello la importancia de la reconstrucción.
Al momento de la separación quise volver a Argentina, pues es donde tenía mi círculo social y profesional y podía volver a insertarme. Estaba en mis treinta y aun existían chances de retomar mi carrera.
Cuando me di cuenta de que no iba a suceder me centré en encontrar un buen sistema de alojamiento para mi niño. Pero ¿Cómo dialogar con alguien que te acosa, que te insulta, que te agrede y que hace lo mismo con tu hijo? La pasé muy mal y me sentí amenazada cuando, después de muchos años de laberintos jurídicos, una abogada me advirtió ‘si usted continúa peleándose con el señor, a su hijo lo van a poner en un internado’. Yo, como muchas, renuncié a la pensión alimentaria para evitar el acoso del padre, que utilizaría el dinero como una excusa para asediarnos.

 

¿Cuál es el recorrido legal que debe tomar una mujer en situación de vulnerabilidad?

Los servicios de ayuda a víctimas sugieren lo que llamamos PAP : Policía, Abogados, Psicólogos. Empieza con la recomendación de hacer la denuncia si hay situación de violencia. Luego encontrar abogado para resolver la tenencia, implicaciones financieras y división de propiedades. Se puede llegar a acuerdos amigables a través de mediaciones. Es importante que cada profesional involucrado esté familiarizado con la legislación internacional de protección de género, por ejemplo la Convención de Estambul. La asesoría legal es fundamental para las mujeres que están haciendo sus trámites de nacionalidad o residencia.
Sumado a ello, es vital la terapia psicológica y la salud integral de la mujer que vive períodos de presión y estrés prolongados. Desafortunadamente en Bélgica aun no existen servicios con terapeutas enfocados hacia una perspectiva de género, ni con mirada antropológica decolonial. Quienes se encuentran en ese tipo de situaciones están muy ocupadas y siempre en alerta respecto a cuestiones jurídicas, económicas, etc… Se sobreviene un aislamiento que se puede prolongar por años. El acompañamiento a las víctimas es escaso. Hemos encontrado profesionales comprometidas, pero no es lo más común.

¿Qué falla en las estrategias gubernamentales sobre protección femenina?

Cuando las políticas liberales y el discurso institucional se enfocan en “la familia disfuncional” la sensibilización se basa en micro casos y deja fuera el espectro político y social. La solución que se le propone a una mujer que vive una situación de vulnerabilidad es conseguir un empleo o no perder el que tiene y así conservar su autonomía económica y una buena imagen. Pero la inequidad comienza con la brecha salarial entre mujeres y hombres.
Una de las aristas de la prevención es la autodefensa. Es válida cuando el propósito es combatir el acoso callejero y es una herramienta más en técnicas de autoestima. Pero es muy delicada en situación de crisis. No se debe presentar como una alternativa a mujeres que quizás no tienen adónde ir, o como una respuesta a la violencia doméstica o al acoso por parte de un ex marido o pareja.
Cuando una mujer se encuentra en una posición de fragilidad es un imperativo intervenir y protegerla. Se ha de contar con la propia participación de la mujer, que es quien mejor sabe qué camino quiere tomar. Lamentablemente observamos la prevención muy mezclada con la intervención. Las mujeres se sienten como un balón que se pasa de mano en mano, en este caso de un servicio a otro. Percibimos una prevención casi inexistente y una intervención desarticulada entre las instituciones, porque no hay una ruta concreta.
Lo que nuestro colectivo considera un buen modelo de intervención es centrarse en el proyecto vital de cada mujer. En este tema nos hemos formado con la metodología de la organización Mujeres Supervivientes de España, adaptándola a nuestro contexto.
Hay que identificar a la víctima: si es migrante regularizada, si tiene hijos o está embarazada, si cuenta con familia en el país, o si sufre de alguna enfermedad. Es preciso determinar qué programas pueden apoyarle en su formación e inclusión social, basados en sus competencias profesionales.
A una víctima de violencia, que sea además migrante y esté aun buscando su sitio en la sociedad, le van a ofrecer solamente aquellos programas que están subvencionados. Tendrá acceso a aprender uno de los idiomas oficiales y quizás hacer una capacitación en limpieza o cuidados. Esta opción puede ser viable para muchas, pero no necesariamente para todas.
Vivimos un recrudecimiento de las violencias, condicionado por el empobrecimiento general de las sociedades. La imagen de la mujer se ha distorcionado a través de la pornografía, la prostitución y el empleo. La estrategia actual responsabiliza y criminaliza a los hombres –agresores o no- y también a los varones jóvenes. Se les acusa por no respetarlas, pero nunca se les ofreció una visión alternativa. Es necesario construir relaciones sanas y crear bases de sororidad, no rivalizar.

Cuando relatas tu viacrucis de varios años tratando de salir de situaciones de violencia doméstica y administrativa haces énfasis en tu condición de sobreviviente, no de víctima. ¿Por qué?

Como explica la psicóloga argentina Sonia Vaccaro es muy importante asumir el ser víctima, para poder elaborar el trauma y así ser una superviviente de ello. Si negamos la condición de víctima no existe el victimario. Por otro lado, el estatuto administrativo de víctima es difícil de obtener. Es como un sello de que la mujer vive o ha vivido violencia conyugal y permite el acceso a algunos derechos. Se obtiene a través de reportes médicos y psicólogicos.
El concepto de superviviente se usaba inicialmente para denominar a aquellos que vivieron una guerra, atentados o enfermedades. Hace más de una década se emplea a nivel internacional para referirse a las víctimas de violencia de género, lo que pone en evidencia algo que está sucediendo a nivel global.
Algo empoderante de saberte superviviente es que ya no te consideras más víctima, en un contexto donde nos prefieren victimizadas. Muchas veces de superviviente se pasa a ser activista. Todas queremos colaborar y participar en nuestras propias vidas y en el gran cambio social.
¿Cómo llegamos a la concepción de supervivientes?
Descubrí el término en diversos proyectos en España a través de Mujeres Supevivientes. Me sentí identificada con el enfoque de Fiona Broadfoot de Inglaterra y Casey Keene de Estados Unidos.
Pasé a una posición de cuestionamiento ¿Por qué me sucedió esto? ¿Soy la única? ¿Cómo nos ocurre? ¿Cómo salieron de la situación otras mujeres? Qué puedo aportar? Y así vemos que se trata de una cuestión de redes, de confianza, de implicación, de compromiso y de conciencia. Me cambió la vida. Comprendí muchas cosas que me sucedieron antes. Me di cuenta que no fui víctima solo una vez.
Encontré asidero para el arte que vengo haciendo desde antes de estudiar sobre temas de género. Mis obras reflejan esa transformación que venía experimentando. Indagué a fondo en los diferentes tipos de violencia que vivían otras, hice trabajos sobre trastornos alimentarios y traté la cosificación de la mujer. Pasé a ser partícipe de mi vida y de la vida ciudadana.
Investigué sobre el concepto en francés y no encontré bibliografía o ninguna institución que se basara en estos principios, tampoco reuniones de charla. Cuando comencé a asistir a un grupo de apoyo a víctimas me presenté ante la psicóloga y ante mis compañeras como una superviviente. Les llamó mucho la atención. Cuando dices que eres survivante, lo dices en un idioma local, usando un término que no se conocía… choca.
Esta fue además la génesis del Collectif Femmes Survivantes. Apostamos por la creación y perfeccionamiento de herramientas para prevenir la violencia, es nuestro aporte. Hablamos de empoderamiento colectivo, de renombrar a esas mujeres y acompañarlas en el diseño de su proyecto de vida, de una manera más sorora y armónica.
Algunos testimonios colocan a la mujer y a la sociedad en una estructura cíclica donde la violencia es esa serpiente que se muerde la cola. ¿Cómo ayudó el Colectivo Femmes Survivantes a romper ese orden de cosas?
Trajimos al tablero de este gran rompecabezas esa pieza faltante que es el rol de las supervivientes. Creamos alternativas a un modelo con el que no nos sentimos identificadas. Nos basamos en nuestros proyectos vitales individuales, que pasan de ser vivenciales, personales, para volverse colectivos. Fue clave el trabajar en red y reforzar nuestras alianzas. Desde 2015 nos subimos a la marea que en Latinoamérica grita Ni Una Menos, con su concepción de un colectivo autogestionado. Nos hemos inspirado y articulado para intercambiar experiencias y construir puentes desde el inicio de Femmes Survivantes.
El colectivo intervino en el mensaje y tomó posicionamiento con acciones concretas: campañas de sensibilización virtual, exposiciones artísticas, divulgación de nuestro manual entre médicos, talleres de prevención de violencia y deconstrucción del amor romántico, etc. Además, ofrecimos capacitación a asistentes sociales, educadoras y psicólogas. Presentamos ponencias en varios simposios. Participamos en debates. Trabajamos codo a codo con investigadores y estudiantes. Colaboramos con medios de comunicación y expertos de varios países.
Nos basamos en las investigaciones de antropólogas, sociólogas, médicos y teóricos latinoamericanos y europeos que desde hace décadas vienen hablando de temas que en Bélgica se ignoran. La lista sería interminable, pero valga resaltar la influencia de Rita Segato, Miguel Lorente Acosta, Roberto Garda Salas, Jules Falcquet, Silvia Federici y Marcela Lagarde.
Fue muy importante la comunicación entre cada una de las mujeres que se fue acercando a nuestra iniciativa. Puede parecer simple, pero es reconfortante el hecho que una le diga a otra “te creo”, “a mí me pasó lo mismo”, todo ello después de años de acoso, de prejuicios y de tocar a puertas sin ser escuchada. La manera de compartir experiencias marcó la diferencia.
Participamos en la reflexión y accionar de cada llamado de Ni Una Menos al paro internacional de mujeres. En cambio, no asistimos a la manifestación de este año en Bélgica porque no podemos defender servicios gangrenados y obsoletos. Es vital que toda persona partícipe en ámbitos de ayuda social sepa cuestionar privilegios, incluso los propios.
El colectivo marcó un antes y un después tanto para las víctimas como para las colaboradoras. Fue el núcleo de un movimiento al cual muchas entregamos el alma. Fue y es una filosofía de vida.

¿Han colaborado con algún centro de estudios?

Nuestra colaboración fue vasta y recibimos mucho apoyo de organizaciones en España, Francia, Canadá, Estados Unidos y varios países de América Latina. Aportamos a centros de estudios nacionales e internacionales, asociaciones de derechos de las mujeres e iniciativas como la Red Europea de Mujeres Migrantes. Formamos parte del Reporte Alternativo del Tratado de Estambul, al que enviamos testimonios y también sugerencias.
Usamos nuestras fortalezas profesionales para involucrarnos en el debate sobre violencia, pero a pesar de ello, no recibimos ninguna propuesta concreta de colaboración. No nos permiten ser artífices, nos han relegado a objeto de estudio. Por ejemplo en una ocasión rechazaron nuestra ponencia en un debate sobre violencia institucional. Planeamos sumarnos a una marcha contra la violencia y algunas de las supervivientes necesitaban sillas de ruedas para poder asistir. Se nos negó la ayuda, con la excusa de que todas las asociaciones son igualmente importantes.
No existe equidad. Se utiliza la causa para fines distantes de aquellas que realmente necesitan reconocimiento y reparación. Entre la apropiación cultural y la invisibilización, se ha perdido la habilidad de identificar al feminismo por lo que realmente es. El feminismo emerge de la reflexión, de la rebeldía y de la solidaridad. Habla, declara y se une. Se basa en la conciencia social y de clase.

Sororidad, Diversidad, Ritmos, Sin jerarquías, Decolonial y Anti racista eran algunas de las líneas de acción de Femmes Survivantes. ¿Cuánto se logró en los casi cinco años del colectivo?

Pusimos en la mesa algo innovador, un proyecto experimental para nada rígido. Nos nutrimos de una pedagogía basada en la inteligencia colectiva y ciudadana. Creamos esta iniciativa basada en las expectativas reales de las mujeres, en su mayoría migrantes y supervivientes.
El colectivo se transformó y evolucionó gracias a nuestros proyectos grupales pero también personales. Fuimos semilla de un movimiento que hacía falta. Surgimos de la acción de las supervivientes. Aprendimos a construir con sororidad. Nos declaramos independientes. Estuvimos fuera de la agenda y de los dictados de las instituciones, las cuales siempre van a tener un lenguaje pulido y adaptado a lo que se requiere para conseguir subsidios, pero no es nuestro caso.
Nuestro proyecto actuó desde la solidaridad y basado en las capacidades, experiencias y conocimientos de cada una de nosotras. A lo interno del colectivo surgieron nuevos desafíos, a los que me consagro a partir de ahora.

¿Por qué se disuelve el colectivo Femmes Survivantes?

En el contexto del pasado 8M (Jornada Internacional por los Derechos de la Mujer) lanzamos un comunicado dejando claras nuestras posiciones, prioridades y motivaciones. Esto nos ayudó a hacer un balance de los últimos años. Arribamos a conclusiones esclarecedoras. Decidimos abrazar esta causa desde una perspectiva diferente y desarrollar otras propuestas.
Vivimos momentos repletos de humanidad. Fue una experiencia única y valiosa por su autenticidad y su compromiso. En nuestras sesiones de consultoría involucramos a colaboradoras magníficas. Femmes Survivantes deja de existir como colectivo y se reinterepreta. El movimiento continuará. Evolucionaremos juntas en proyectos terapéuticos de reconstrucción y en la continuidad de este ecosistema autogestionado. Dejamos una huella y una guía. Esperamos que nuestro camino sirva de inspiración a jóvenes.
Yo retomo mi carrera en las artes y la gestión cultural. Me enfocaré en crear y construir nuevas iniciativas en un contexto de relaciones sanas y en armonía con la naturaleza. Continuaré rodeada de gente maravillosa que me ha apoyado a lo largo de diferentes etapas y con ellos mantendré una dinámica de comprensión y trabajo conjunto. Aunque las migrantes estemos en constante movimiento también sabemos construir sobre las bases sólidas que erigimos.

En algunas de tus intervenciones has mencionado como desde 1976 Nicole van de Ven y Diana Russell convocaron a unas dos mil mujeres en Bruselas, para denunciar los crímenes de género ante el Tribunal Internacional. ¿Cómo ha cambiado el panorama belga?

No parece haber cambiado gran cosa, o nada en realidad. En Bruselas se puede llegar a hablar de ciertos temas. Hay más oportunidades de visibilizar algunas cuestiones, pero las campañas públicas están estereotipadas y el conocimiento guardado. Necesitamos más activistas alejadas del oportunismo, que apoyen a las mujeres durante el recorrido a través de los diferentes servicios. Hace mucha falta la comunicación entre profesionales de diferentes áreas y las supervivientes capacitadas. El cuidado de la salud mental es clave. En muchos países la terapia con personal de salud de primera y segunda línea, así como la supervisión psicológica, son obligatorias. Hay que seguir trabajando.
A más de diez años de camino y a pesar de los sinsabores, imagino que hayas tenido experiencias positivas…
Tuve muchos momentos gratificantes. Entre ellos figura la primera vez que expuse mi trabajo sobre violencia y se me acercaron muchas mujeres maravillosas que compartían la misma problemática. Más allá de las diferencias de cada una y su situación específica. El recorrido del colectivo fue genial. Nos permitió interactuar con mujeres y niños migrantes y trabajar por nuestra representación social, que queda fuera del universo cognitivo de las mujeres locales pues no están empapadas en nuestra cotidianeidad.
Nadie va a disculparse por los daños y sufrimiento causados. No se nos recompensará por los años o la energía que pusimos en sobrevivir e intentar hacer valer nuestros derechos. Pero es hermoso ver como entre nosotras nos damos el reconocimiento que se nos niega.
El apoyo internacional ha sido impresionante. Nuestras compañeras argentinas siempre han estado alentándonos. El Collectif Femmes Survivantes le debe mucho a la labor incansable de la Dra Adriana Montenegro y Laïla Ghozzi, así como a nuestras colegas de la ong Siempre.

Me encuentro aun en conflicto con el mundo que silencia la violencia, pero en paz conmigo misma. He arribado a un posicionamiento claro y tengo los ojos bien abiertos. Elijo cerrar un capítulo, diversificar alternativas y explorar desde la resiliencia a través del arte. Es imprescindible generar espacios sanadores, transformar dolor y angustia en iniciativas enriquecedoras, crear ‘un necesario camino paralelo’. Se cierra el ciclo de una experiencia empoderante. Culmina una etapa de la cual todas emergemos fortalecidas, pues como dicen las Mujeres Supervivientes de España : “Yo soy porque nosotras somos”.

 

Yanet Medina Navarro (1990) Periodista y escritora cubana radicada en Bélgica. Graduada de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana. Ex redactora de Radio Reloj, Prensa Latina News Agency & Radio Netherlands Worldwide.